sábado, 7 de diciembre de 2013

Fotos muertas


chica - tonYerik
Jugaba, por decir algo, editando dos fotografías. Y como esos músicos que mueren jóvenes y ya quedan para siempre en el Olimpo de los músicos como algo fuera de serie cuando quien sabe si de haber sobrevivido habrían terminado por piciarla y echar al traste su leyenda de muertos de estar entre los vivos. Cuando tome conciencia de que ahí se paro para siempre el tiempo para mi en cuanto a ella. El negativo estaba tan deteriorado que al recuperarlo el resultado no podía ser mucho mejor. Por eso empecé por el labio superior. Y tamaña metedura de pata, volver a tener esos labios tan cerca, tan grandes en la pantalla. Carnosos, calientes, dulces, suaves, salvajes.  Perderse en ellos era algo que no podía ser de este mundo. Y no lo era. Por eso no podía durar, y por eso termino siendo algo mítico como esos músicos que se apagaron tan pronto como empezaron a brillar.
Poco a poco un pixel aquí , otro allí recuperados un filtro u otro pero con todo el cuidado del mundo para no desvirtuar el original dejando el ruido a veces para no cambiar el alma de aquel personaje atrapado en el celuloide. Al dar por terminado el trabajo y volver a ver aquel ser maravilloso, un escalofrío me ha recorrido toda la espalda y ya se sabe. La cabeza comienza a fabricar imágenes de lo que pudo ser después al margen de mi. Así la imagine en todas esas calles que no hace mucho mi amigo me fue maliciosamente enseñando para horror mio de esa ciudad. Viéndola apoyada en la barandilla del puente mirar en el agua la estela de las barcazas llenas de turistas que surcaban el río. O cierta noche en la opera, menuda, casi invisible frente a tamaña arquitectura primero. Y mas tarde en la penumbra del palco con su cara parcialmente iluminada por la luz procedente del escenario, estremeciéndose al son de "Un bel di vedremo". O como la amaría aquel que se la llevo. Seguramente mejor, mas real, porque el nuestro desde luego no era en absoluto real. Era como de cuento.

Bien, ahora, las fotos vuelven a estar un poco mas visibles, lo suficiente como para turbar. Era una cara tan bonita que podía estarme las horas mirándola sin decirle mucho o casi nada, y eran muchas las horas al cabo del tiempo que pasábamos juntos.

Me queda la satisfacción de haber pasado siete años maravillosos, porque los ratos menos agradables terminan por diluirse en el tiempo. Y haber conocido el amor con mayúsculas, antes de dejar al tiempo ajarlo por haber terminado tan incipientemente como comenzó.

Estoy recuperando las fotos de aquella pandilla de estudiantes y entre ellas aparecen aquí y allá algunas de las que por accidente no destruí aquel día, suyas.

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la otra bitacora